Reflexiones para enfermos que están desahuciados por las Ciencias Médicas.
Amigo lector: Toca el manto de Jesucristo y serás Salvo, vivirás en Paz y podrás ser libre del azote de tu enfermedad, has el esfuerzo y comprobarás la bondad y el poder sanador de Jesucristo.
Estando Jesucristo en la ciudad de Galilea en Jerusalen caminando hacia la casa de Jairo uno de los principales de la sinagoga judía y seguido por una gran multitud de personas que le oprimían.
Una mujer que padecía de flujo de sangre desde hacía 12 años, y que había gastado en médicos todo cuanto tenía, y por ninguno había podido ser curada.
Se acercó a Jesucristo por detrás de él y tocó el borde de su manto, porque decía: Si tocare tan solamente su manto, seré salva.
Y al tocar con tal convicción y certeza el manto de Jesucristo: Enseguida la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote.
Luego Jesucristo, conociendo en si mismo el poder sanador que había salido de él, volviéndose a la multitud, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos?
Sus discípulos le respondieron diciendo: ves que la multitud te aprieta, y preguntas: ¿Quién me ha tocado? Pero él miraba alrededor para saber quien lo había hecho.
Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en ella había sido hecho, vino y se postró delante de Jesucristo y le dijo toda la verdad.
Y Jesucristo le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva; vé en paz, y queda sana de tu azote.
Apreciado lector que te encuentras enfermo, tal vez a la semejanza de la mujer de este relato, desahuciada por muchos médicos o sin los recursos financieros necesarios para pagar más médicos y comprar los medicamentos que contrarresten tu enfermedad.
HAS TU CUAL LA MUJER QUE FUE Y TOCO EL MANTO DEL VESTIDO DE JESUS, PODER SALIO DE EL Y LE SANO Y SI LE TOCAS TU SALDRA TAMBIEN.
Permíteme explicarte como hacerlo.
Esta mujer fue informada acerca de los tantos milagros curativos que hacía Jesucristo en su recorrido por Jerusalén y las ciudades circunvecinas predicando el Evangelio del Reino de Dios, cumpliendo así la misión para lo cual fue enviado por su Padre Celestial a esta tierra.
Y al saber esta mujer a ciencia cierta, porque oía los testimonios de ciegos de nacimiento que habían recobrado la vista, de sordos que ahora oían, paralíticos que caminaban, leprosos que eran sanados, muertos que resucitaban y de muchos pecadores y perdidos que eran perdonados y salvados; y sabiendo además que Jesucristo había sido ungido por El Espíritu Santo para pregonar libertad a los cautivos, libertar a los oprimidos, sanar a los quebrantados de corazón, salvar las almas de los hombres y de las mujeres, sanar a los enfermos, echar fuera demonios, y que había venido a buscar y a salvar lo que se había perdido; decidió ir a un encuentro personal con él, para alcanzar en primer lugar la salvación de su alma y también por que no, la curación de su terrible enfermedad.
Y con gran fe en Jesucristo el Hijo de Dios, plenamente convencida de la gran bondad de él, de su poder infinito, de la veracidad de sus palabras, de su voluntad y deseo de sanar a todos los enfermos del alma y del cuerpo, hablando consigo misma, sin dudas de ninguna naturaleza decía y repetía constantemente: Si tocare tan solamente el manto de su vestido, seré Salva.
Y exactamente sucedió como ella misma totalmente convencida lo decía, cuando sangrando por sus entrañas y casi sin fuerzas para caminar, completamente anémica por tener padeciendo 12 largos y penosos años de sangramiento vaginal, hizo un gran esfuerzo, se abrió paso por entre la multitud que seguía a Jesucristo venciendo mil dificultades, y al llegar cerca de él, tocó su manto e inmediatamente la fuente de su sangre se secó; y sintió en su cuerpo que estaba libre de aquel azote. ¡Alabado sea Jesucristo para siempre!
Analicemos nosotros ahora, ¿que clase de fe tenía esta mujer en Jesucristo? que le permitió obtener de él lo que tanto anhelaba, para que nosotros con una fe similar a la de ella, también podamos alcanzar la salvación de nuestras almas, la curación de nuestras enfermedades, y vivir en paz con nosotros mismos, con nuestra familia y nuestros semejantes.
La fe de esta mujer no era una fe ciega basada en meras teorías sin comprobación alguna, ni en falsas premisas y suposiciones, o en cosas misteriosas y ocultas que nadie sabe explicar y nadie entiende y a las cuales cada quien le da la interpretación que mas le convenga a sus intereses, como generalmente la mayoría de las personas creen que es la fe en Dios, como que si el proceso de tener fe en Dios fuese distinto, al proceso que utilizamos diariamente para poder creer, aceptar, confiar y poner en práctica cualquier otro conocimiento del mundo del saber humano.
La fe verdadera en Jesucristo se fundamenta en el conocimiento veras que tengamos de él, en el conocimiento de cómo es el Dios del cual Jesucristo hablaba y del conocimiento de la doctrina que él predicaba y enseñaba.
Recordemos al respecto, algunas de sus más importantes declaraciones.
De cierto, de cierto te digo, que lo que sabemos hablamos, y lo que hemos visto testificamos; y no recibís nuestro testimonio… Yo hablo lo he visto cerca del Padre… pero vosotros no conocéis a Dios, mas yo si le conozco… y guardo su palabra. Jesucristo.
Padre, he manifestado tu nombre a los hombres… y han guardado tu palabra. Ahora han conocido que todas las cosas que me has dado proceden de ti; porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste … Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad. Jesucristo.
Yo soy la luz del mundo el que me sigue no andará en tinieblas sino que tendrá la luz de la vida. Jesucristo
Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre si no es por mí. Jesucristo.
Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos y conoceréis la verdad. Jesucristo.
Padre… glorifica a tu Hijo…como le has dado potestad…para que dé vida eterna a todos los que le diste. Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Jesucristo.
Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá. Jesucristo
Tened fe en Dios. Porque de cierto os digo que cualquiera que dijere a este monte: Quítate y échate en el mar, y no dudare en su corazón, sino que creyere que será hecho lo que dice, lo que diga le será hecho. Por tanto, os digo (atención amigo, esto es lo que debes hacer) que todo lo que pidiereis orando, creed que lo recibiréis, y os vendrá. Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguno, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas. Porque si vosotros no perdonáis, tampoco vuestro Padre que está en los cielos os perdonará vuestras ofensas. Jesucristo.
Estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre (en el nombre de Jesucristo) echarán fuera demonios… tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. Jesucristo.
Todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, creyendo que lo recibiréis vendrá. Jesucristo
Esta mujer conocía muy bien quien era Jesucristo, cuales eran las cosas que Jesucristo predicaba y enseñaba acerca de la voluntad o el propósito de Dios para con nosotros, y estaba suficientemente documentada del gran poder y autoridad que tenía él para hacer grandes y maravillosos milagros, ya que por todas partes corrían los testimonios de las multitudes que eran sanadas por el Señor.
Y precisamente Jesucristo al calificar la fe de ella, confirma el mismo criterio que esta mujer tenía con respecto a Cristo, cuando Cristo le dice a ella: Hija tu fe te ha hecho salva; ve en paz, y queda sana de tu azote.
Cuan distinta era la actitud y conducta de la multitud que rodeaba y apretaba a Jesucristo, no lograban ningún beneficio de los tantos que necesitaban, porque solo formaban parte de un espectáculo o diversión pública que impedía que esta mujer llena de fe verdadera y en gran manera necesitada de un milagro de Dios, no pudiera tocar a Jesucristo el Hijo enviado de Dios; algo muy similar a lo que presenciamos hoy en los numerosos y diversos cultos mal llamados cristianos.
HAS TU CUAL LA MUJER QUE FUE Y TOCO EL MANTO DEL VESTIDO DE JESUS, VIRTUD SALIO DE EL CUANDO TOCÓ Y SI LE TOCAS TU SALDRA TAMBIEN.
Ten fe en Dios, no te rindas, no te desesperes, ten ánimo, no pierdas las esperanzas, lo que es imposible para los hombres es posible para Dios, conforme a tu fe será hecho. La paz sea contigo.
ANGEL SARDI GONZALEZ
CRISTOLOGO - PSICOTERAPEUTA
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